Lacar muebles ha sido durante mucho tiempo una actividad con la que pocos se atrevían a nivel doméstico. La evolución a mejor de los productos ha conseguido cambiar las cosas. En este artículo vas a ver cómo lacar un mueble para que te quede con un acabado profesional, conocerás las diferencias entre lacar y pintar, y aprenderás qué pintura para lacar muebles has de usar.

La revolución de los esmaltes acrílicos

Antes, el lacado de muebles en casa era un proceso tedioso, sucio e incluso tóxico, ya que la composición de los esmaltes hacía necesario el uso de diluyentes tipo aguarrás para limpiar las herramientas y también si se deseaba rebajar el producto. La razón es que todos los esmaltes eran sintéticos, es decir, con base aceite, con todos los inconvenientes que ello conlleva cuando no se es un profesional.

[Aquí puedes leer un artículo sobre qué es mejor escoger, si esmalte acrílico o esmalte sintético. ]

Actualmente, los esmaltes oleosos siguen existiendo, pero se usan para aplicaciones muy concretas (por ejemplo, metal expuesto al aire libre) o acabados profesionales (cerramientos de aluminio, etc.).

El recurso habitual cuando se trata de lacar muebles en casa hoy día son siempre los esmaltes acrílicos, que presentan muchas ventajas: se disuelven en agua, y por tanto las herramientas se limpian con el líquido elemento. Del mismo modo, las posibles manchas sobre otros materiales también se pueden eliminar fácilmente con agua.

Los esmaltes acrílicos son lavables; con una simple bayeta húmeda se pueden eliminar polvo y suciedad. Los hay en diferentes acabados, por ejemplo, brillo, satinado o mate. Cuanta más calidad tenga el producto, más fácil te será el proceso de lacar tus muebles. Te recomendamos productos como los de Little Greene o Farrow and Ball, si eres especialmente exigente con el color. Si no, disponemos en nuestra tienda de pinturas online del esmalte Bruguer, una laca al agua extrafuerte para puertas y muebles, que da un óptimo resultado.

Lacar y pintar: ¿es exactamente lo mismo?

Son cosas parecidas, pero con técnicas y resultados diferentes. Lacar es aplicar una laca o esmalte, normalmente en varias capas, para conseguir un acabado de lámina lisa y suave, como la que tienen los muebles nuevos. Para pintar se sigue un proceso parecido, pero con pintura en lugar de esmalte, y no se pretende que el resultado sea tan perfecto. Para entender la diferencia, piensa en una puerta lacada y en una puerta pintada. ¿Son lo mismo? Obviamente, no.

Precisamente, en el proceso de aplicación de la laca es donde está una de las claves del trabajo. Es importante conocer a fondo los procedimientos, los tiempos de secado y, sobre todo, no tener prisa por acabar, que es uno de los principales problemas del bricolajero novato.

Preparación de la superficie antes de lacar muebles

Es esencial preparar adecuadamente la superficie antes de aplicarle el esmalte. Limpiar bien con un producto desengrasante es el primer paso.

Después, hay que observar la superficie y establecer qué hacer con ella en función del material, su exposición a la intemperie y si luce ya otro acabado.

Si es madera natural o pintada al agua, es necesario lijar a fondo para que quede totalmente lisa. Si se trata de una madera barnizada o pintada previamente con un esmalte oleoso, quizá necesites eliminar las capas primero con un gel decapante o con pistola de aire caliente, espátula y rasqueta tringular. Termina lijando.

En caso de que de trate de un mueble de melamina, aplica dos manos de imprimación y lija entre ellas hasta obtener una buena superficie de agarre. Y, finalmente, si estás ante una superficie metálica pintada, puedes eliminar la pintura con un taladro provisto de una muela (y protección para ojos y manos). O bien proceder con el producto decapante o la pistola de calor que hemos citado antes.

Entendemos que este es tu primer trabajo, y que probablemente vayas a lacar un mueble de madera natural o previamente esmaltado, al que quieres cambiar de aspecto. En ese caso, lijar bien, a mano, o con una lijadora orbital o de banda, será más que suficiente.

Si fuera necesario, habría que enmasillar aquellas partes que pudieran estar golpeadas o deterioradas, ya que el lacado es un acabado en el que se busca la perfección, frente a otros resultados como los envejecidos, decapados, etc.

Utensilios para un buen lacado

Cuando llega la hora de lacar muebles con esmalte acrílico, hay tres utensilios clave para usar en solitario o combinarlos: pistola, brocha (o paletina) y rodillo.

El lacado con pistola es el que da mejores resultados para lacar muebles. Actualmente, los pequeños equipos domésticos para pulverizar pintura están al alcance de cualquier bolsillo, y los puedes encontrar de conocidas marcas. Es necesario leer bien las instrucciones, y hacer algunas pruebas previas sobre un material similar al que quieres lacar para así tomarle el pulso a la pistola, la apertura de la boquilla para pulverizar, etc.

Alternativamente, puedes utilizar un rodillo flocado, que permitirá que extiendas capas uniformes a modo de espejo, sin mácula alguna. Para ello, también conviene que hagas alguna prueba previa, calibrando cuánto debes cargar el rodillo, qué presión ejercer, etc.

En cualquiera de los casos, puede ser muy aconsejable comenzar el proceso con una brocha o paletina de pelo sintético. Con ella se debe aplicar el esmalte diluido en las zonas delicadas o de más difícil acceso: molduras, ángulos, esquinas, zona de los tiradores si no los has podido quitar, etc.

Cuántas capas de esmalte se necesitan para lacar muebles

Normalmente, bastan dos capas para lacar un mueble. Eso sí, conviene lijar entre manos y retirar el polvillo con un paño suave que no suelte pelusa. Esto garantiza esa superficie suave y sedosa del lacado de la que hablábamos al principio.

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